sábado, 20 de marzo de 2010

VERDAD TRAS EL HORIZONTE.



Sentada en una silla cara la ventana, veía como en el horizonte el sol se iba ocultando.
Aquella imagen la dejaba siempre impresionada y todos los días esperaba ese momento sentada en esa misma silla, en la misma posición, hasta que los últimos rayos del sol desaparecían y la oscuridad sólo era interrumpida por el guiño de aquel faro guía de marineros.

Mas ese día era especial; sus ojos miraban sin ver. Seguían la costumbre de todos los días, mas no gozaba de ella, pues su mente estaba muy lejos de allí.

En sus rodillas, entre sus manos, descansaba la notificación certificada que había recibido esa mañana y que, tan pronto la abrió, ya no pudo pensar en otra cosa que en el contenido, respuesta a otra suya. Misiva que había esperado con ansia tras descubrirlo todo, para verificar la verdad de sus sospechas.

Así había sido, y así se había quedado paralizada en aquella silla, cara aquella ventana, con la mirada fija pero sin ver, sino que perdida en mil recuerdos pasados... en aquella maraña de mil telas de araña tejidas laboriosamente, para que nadie pudiese traspasar el camino hacia la verdad.

Mas siempre hay un hilo, el primer o último hilo, que si lo sabes encontrar, puedes comenzar a hacerte un hueco y adentrarte hasta llegar al fondo. Y así había sido.

Quien la viera de frente, solo se fijaría en aquellos ojos... ojos envejecidos, ojos cansados de querer ver más allá, ojos gastados de tanto llorar, ojos viejos en rostro joven que tanto lloraban hacia el exterior, como lo hacían hacia dentro... y eso era lo que más daño le hacía; las lágrimas interiores incapaces de dejarse secar con el aire, sino que iban destrozando sus entrañas.

Ya la oscuridad cubría tanto el horizonte como su habitación, cuando escuchó el timbre de la puerta sacándola de sus meditaciones.

Se levanto despacio y dejando la carta sobre la mesa, se dirigió hacia ella y sin utilizar la mirilla, les abrió.

Eran dos hombres, altos, fuertes, con caras pálidas y vestidos de paisano, quienes la esperaban tras la puerta.

Le llamó la atención la frialdad y sequedad de sus miradas inexpresivas y se preguntó por cuanto habían pasado aquellas personas, para poder mirar de esa forma...

Sus voces eran firmes y altas y con ademanes la apartaron para meterse en la casa, sin siquiera pedir permiso ni ser invitados.

Cerró la puerta y esperó de pie cara ellos, que comenzaran a hablar, aunque creía conocer tanto las preguntas, como las respuestas que ella les iba a dar y, sobre todo, el resultado final de aquella dura entrevista....

Continuará.

Foto: Carmela.

1 comentario:

Sacra dijo...

Invito al que quiera seguir esta historia, que lo haga.
No hace falta dar nombre si no se desea, sino sólo mandármela a mi correo.
Sería muy interesante la aventura.
La invitación se extiende de esta manera a todo el mundo, los que aquí ya cooperáis, como cualquiera que nunca lo halla hecho.
No tiene que tener fin, sino solo se una continuidad.
A ver si veo resultados de mi tira por vosotros para jugar con el mundo de las letras.
Muchos besos, besos muchos.