domingo, 21 de marzo de 2010

UN FIN DE SEMANA


Llegaba el verano, el tiempo de disfrutar del Sol del Mar y la playa, por eso aquel fin de semana y sin pensarlo más viajé al pueblo costero más próximo. Mientras conducía al pequeño coche que con mi sueldo podía permitirme, pensaba en esos dos días tan estupendos que pasaría gozando de la tranquilidad de aquel pueblecito al que ya hacía años que no iba y en que había pasado momentos inolvidables. Era un pueblo tranquilo a la orilla del mar, era lo que en aquellos momentos necesitaba, olvidarme por un par de días te todos los problemas acumulados en los últimos meses. ¡Que delicia! pasear a primera hora de la mañana por la playa casi desierta, sintiendo la frescura de la arena en los pies y las olas intentando apresarlos, mirar el horizonte, por el que unos tímidos rayos de Sol intentan levantarse para caminar hasta lo más alto.
Ya estaba llegando, en cuanto me acomodara en el estudio que había alquilado, saldría a dar un paseo por la playa, todavía no era demasiado tarde para poder apreciar de nuevo todo lo que venía imaginando por el camino.
Solo las diez de la mañana, ¡Buena hora!, todavía los pocos veraneantes con sus niños, que solían bajar a la playa, estarían rezagados desayunando en casa, solían bajar mas tarde, me encontraría si acaso algún jubilado paseando, o algunos jóvenes corriendo para estar en forma pero no importaba estaba ansiosa por poder sentir el agua en mis pies.
Me coloque el bikini un pantalón corto encima y me cale una gorra para protegerme del Sol. No tarde ni cinco minutos en llegar al malecón del canal, desde allí se podía divisar toda la playa hasta el gran hotel que se alzaba al borde de ella.
¡No!.... ¡No puede ser! Imposible, debo de estar o soñando o en otro pueblo. Mis ojos no daban crédito a lo que veían, la playa no se divisaba, solo un manto de sombrillas de colorines, niños por todas partes, cubos, palas, rastrillos y montones de cachivaches desperdigados al borde del agua, no se veía ni un pequeño palmo de arena de la playa. Llegaba este tormento hasta el hotel que se levantaba al borde del agua. ¿Dónde estaría pedida la playa nudista que hubo en algún tiempo?.
Desde el malecón contemple este “extraordinario” espectáculo y me volví con mi desilusión al apartamento del cual no salí hasta el momento de volver a mi rutina.

DAFNE

2 comentarios:

Sacra dijo...

Vente para mi tierra.
Playas así habelas ainas, pero de las que te puedes pasear por la arena sin divisar más que algún otro paseante, también.
Yo conozco alguna....
Un biquiño.

Azulejo dijo...

¿Serían las playas de Huelva? Pobres playas, pobre arena, pobres sombrillas, pero................ que alegría estar sin niños ;-)