miércoles, 17 de marzo de 2010

LA SEGUNDA ALICIA



Paseando por un prado iba yo una tarde, cuando vi una gran encina con una sombra majestuosa. Pensé que bien podía sentarme a disfrutar de aquel fresco momento y así lo hice.

No me había acomodado casi, cuando un conejo gris se planto frente a mi mirándome fijamente, me extraño ese descaro en aquel animalito, paso por mi mente si no seria algún descendiente del Conejo de Alicia, la del País de las Maravillas, aunque aquel era blanco, pero como hoy ya no se miran las pieles a la hora de emparejar me deje de llevar por la ilusión.

No podía perder la oportunidad de que me llevara por aquel túnel del cuento y acabar en aquel país de locos en el que las palabras de los demás no se respetan. No dejas de crecer o menguar según el momento. Corriendo el peligro de ahogarte en lagrimas de un niño llorón. Encontrarte un Sombrerero con autoridad des-competente y sino es por el gato de la duquesa no sabrías a donde tenías que ir. Al final casi te cortan la cabeza y te ves envuelta en un juicio descabellado porque los mandones de aquel país no razonen.

Volví a tomar la razón que se me había escapado por un momento y después de espantar al pobre conejo, pensé:

Mejor estoy en mi mundo que también esta un poco loco. Nos deslizamos por un túnel en el que encontramos conejos grises que solo utilizamos para comer. Túneles con montones de obstáculos que sortear Nunca respetamos a los demás ni ellos a nosotros. Nos ahogamos a veces en un vaso de agua. Tenemos autoridades la mar de incompetentes, (aunque aparenten lo contrario), pero siempre hay alguien que te indica el camino a seguir.

Y por último también puedes estar expuesto a perder la cabeza, porque a alguno de los mandones que aquí tenemos nos imponga alguna norma injusta. Pero es la realidad de mi mundo.
Gumiel 24-03-2009

1 comentario:

Sacra dijo...

Hay locuras....
Acuérdate de la canción de Silvio Rodriguez... :)
Precioso, como tu.