miércoles, 3 de marzo de 2010

LA VEÍA TAN BELLA.


La veía tan bella.

Aquel rostro delicado, aquella melena perfecta, aquel vestido impresionante...La veía tan bella...

Cogiéndola en sus manos, subió al ático, a aquel ático dónde era tan feliz y , donde ya tenía todo preparado.

Se sentó frente a la mesa donde solía pasar horas y horas perdido en sus pensamientos, los cuales le daban mil vueltas en la cabeza, hasta que cogiendo la punta del hilo, construía una preciosa madeja.

Y cuando el hilo se acababa, llevaba a cabo sus planes.

Sobre la mesa colocó a la muñeca de trapo y delicadamente, la fue desprendiendo de todas sus galas.

Apartó estas para un lado y la vio desnuda...Ya no era tan bella, pensó

Las tijeras le esperaban y metiendo su dedo pulgar y corazón en ellas, comenzó a cortar el pelo de aquella muñeca que, impasible y sin medios para defenderse fue quedando sin su preciosa melena, que caía en mechones sobre el suelo.

Su cara era de placer mientras recortaba cada rizo y lo veía caer lentamente formando aquella montaña a sus pies.

Ahora la muñeca era menos bella...seguía pensado cuando acabó su labor.

Pero no había rematado...tenía que ver más allá dónde nadie había visto aún, así que con fuerza y decisión le cortó de cuajo los brazos, las piernas, la cabeza, hasta que los seis pedazos de esta, se esparcieron por la mesa.

Ya estaba mas cerca. Su expresión de curiosidad iba acompañada por el del placer que sentía cada vez que daba un corte con aquellas tijeras, ya acostumbradas a cumplir sus deseos.

Ahora ya no era nada bella, no. Había perdido todo hermosura con cada tijerazo y sonrío. Ya estaba muy cerca de descubrir la verdad, tan cerca que su corazón se aceleraba cada vez más y sus ojos brillaban con deseo de ver terminada su tarea.

Sólo le quedaba el último paso a dar y así lo hizo.

Con la punta de sus tijeras, abrió un tajo de arriba a abajo del tronco desmembrado y, de aquel pedazo de tela, salió un serrín que se desparramó por toda su mesa.

Y buscó con ansia. Tenía que saberlo de una vez por todas...y estaba tan cerca...

Comenzó a buscar en aquella montaña de madera molida. No podía más... El corazón le iba a salir por la boca como no acabara pronto...

Y allí le encontró... mas grande de lo que él pensaba que sería, mas rojo. Y cogiéndolo con sus dedos le sintió caliente.

Estaba tan asombrado que anonadado lo miraba fijamente... caliente y latía, si, aún latía.

Ahora su rostro reflejaba ira, ya no placer. Estaba enfadado, muy enfadado con el descubrimiento. Las muñecas sólo sirven para adornar, para jugar, pero no sienten, no piensan, no sufren...NO TIENEN CORAZÓN...gritó en su ático haciendo temblar las paredes.

Aplastó el corazón entre sus manos, hasta que se le cubrieron de sangre y aún se enfadó más.
Nadie lo podría saber nunca, ni siquiera él se daría por enterado.

Recogió los restos de su experimento y los tiró a aquel viejo baúl...baúl ya lleno de otras muñecas que antaño habían sido bellas también y habían quedado reducidas a pedazos de tela y serrín ensangrentado.

Bajó las escaleras del ático y se alejó de allí, sin llegar a escuchar los gemidos de aquellas víctimas de sus experimentos.

Y tan poco vio como de los ojos de aquellas cabezas, las lágrimas brotaban.

No lo escuchó ni lo vio, porque se negó a querer saber más... Sólo se alejó de allí, en busca de una muñeca donde no encontrara corazón y de la que no tendría que taparse los oídos para no escuchar sus lamentos... y no volverse atrás para ver aquel serrín humedecido por sangre y lágrimas...

1 comentario:

Sacra dijo...
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