viernes, 30 de octubre de 2009

EL LOBO SIN PIEL DE CORDERO


Erase una vez un lobo feroz que no era un lobo.
Erase una vez un lobo que era un corderito.
Él, Pedro, todos, creían que era un lobo de verdad, pero esa verdad quedó de manifiesto cuando, al intentar dar el primer bocado a su Caperucita de turno, se le cayeron los dientes; eran como de leche.
Durante tiempo y tiempo lo criticamos, le colgamos sambenitos y a mal parir estaba siempre en nuestras bocas.
Un día, cuando comprobamos que no se comía a nadie, sin muestra alguna de arrepentimiento por nuestra parte, sonreímos al recordar el temor al lobo que nos había acompañado siempre. Mucho lamentar, mucho criticar y todo se quedó en agua de borrajas.
Esta vez, Pedro no gritaba !!Que viene el lobo!!. Él, que tantas y tantas veces lo gritó para que le creyeran...
Pedro reía por dentro, sonreía por fuera y miraba con aires místicos a cuantos le rodeaban. El lobo no tenía piel de cordero, era un CORDERO.
Hubo, habrá, que reescribir el cuento, este cuento, y revisar cada etapa, cada paso, como si de una moviola se tratara para convencernos de que todo era un error, que nuestros miedos eran infundados, que nuestras vivencias estaban fuera de contexto y todo se quedó vacío de contenido.
Al final me alegro. Tanto cargar la escopeta de dos cañones, de preparar cartuchos de sal (para eso uno es ecologista), de armarnos de paciencia para verlo aparecer y cuando lo hace, no es el lobo que clamando anunciaba Pedro, sino un cordero, un corderito falto de cariño y asustado por todo lo que había acontecido.
Y colorín y colorado un nuevo cuento a comenzado.
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AZULEJO

1 comentario:

Sacra dijo...

jajajajajaj
Me parece que este cuento va a dar para una larga saga de aventuras y desventuras.
Si era lobo, si era cordero...si había Caperucitas o si Pedro era un monje lama.
Ains cariño. !Lo que son las cosas!