lunes, 26 de octubre de 2009

EL CAFÉ


Te esperaba como te esperaba siempre, aunque también como siempre sabía que no ibas a llegar. El que sí llegó fue el camarero con el diario y el café como de costumbre y mientras le daba las gracias al retirarse...la vi junto a la máquina tragaperras.
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Era alguien más, nadie que importara por lo que continué saboreando mis dos pasiones que eran el café y la lectura, aunque el ruido monocorde de la máquina tragaperras se clavaba en mi cabeza a cada sorbo de café. Ello me hizo mirar otra vez y ahora...ahora no aparté mis ojos de ella.
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Tendría una edad indeterminada y en mi opinión, en algún tiempo fue una mujer bella, aunque mejor dicho, todavía era una mujer bella. Con sus ademanes mezcla de despreocupación y altanería convinaba por un parte la copa de cognac que no apartaba de su boca, el interminable cigarrillo que sostenía en su mano izquierda y en la derecha las monedas que no cesaba de introducir en la máquina con la clara convicción de que el premio estaba cerca...
!!Pobre ilusa!!.
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Me pudo la curiosidad y me fijé más detenidamente en ella, en la mecánica de sus movimientos, en sus ropas, limpias pero ajadas por el uso, en su manera de pintarse de colores fuertes y en un momento dado creí observar como se dirigía a su amigo imaginario el Hastío para comentarle algo relativo a su otra amiga la Desesperanza, y fue entonces, cuando parecía acabarse el tiempo, cuando sonó la música.
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Sonó la música deseada por ella, por un momento dejó la copa, de manera mecánica pero pausada encendió su enésimo cigarrillo, recogió sus monedas mientras parecía mirarnos a todos con desprecio por lo que imaginaba que pensábamos de ella, y con la cara tan alegre como maliciosa, pareció dedicar su alegría a esa compañera no deseada que casi siempre le acompañaba...la Soledad.
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Continuó con su ritual de cognac, de tabaco y de monedas en la máquina hasta que tuvo miedo perderlo todo y se marchó. Cuando hubo salido la desazón me consumía, la tristeza de aquella mujer me hería por mi propia soledad. Entonces viniste en mi ayuda, porque en mi imaginación te vi pasar tal cual eres, bonita, no tanto por tu belleza cara, tu largo cabello o tu risa contagiosa, sino por ser como eres, por ser siempre tú.
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Compartí, aunque de manera virtual, una copa de cava contigo y entonces, en mi tristeza supe que nunca estaría sólo, que incluso sin estar tú nunca más...no lo estaría porque me acompañaría siempre tu recuerdo.
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Y es un recuerdo muy bonito...maravilloso.
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ALEX

1 comentario:

Sacra dijo...

Se nos ha unido un amigo más, un amigo que no hara gozar con sus relatos, un amigo que es capaz de meternos de lleno en sus historias,y sin darnos cuenta identificarnos con ellas...
Tenemos mucha suerte y yo la primera.
Gracias Alex por tu regalo.