viernes, 19 de febrero de 2010

HAI UN GALEGO NA LUA

El destino estaba muy claro. En las cuencas de los ríos Nieva, Santiago y Marañón se extienden los territorios de los jíbaros aguaruna y los jíbaros huambisa. Los que antaño fueron sanguinarios reductores de cabezas transmiten de padres a hijos la memoria de aquel español analfabeto: Alfonso Graña, el único blanco que reinó. La leyenda arranca en la Galicia mísera de finales del siglo XIX. Alfonso viene al mundo en 1878 con el nombre de Ildefonso, hijo de un sastre y de una tabernera, en una agreste aldea (Amiudal) del municipio ourensano de Avión. El hambre y las enfermedades lo empujan a emigrar a los 18 años. En Brasil sangra los árboles del caucho. En Perú desempeña oficios diversos. A principios de los años 20 está establecido en Iquitos, donde hace tertulia con el librero gallego Cesáreo Mosquera. Hasta que un día sus huellas se esfuman en la selva.

Pudo haber sido raptado por los indios aguaruna. O bien pudo haber matado a un hombre en una discusión y huir. Lo que es seguro es que se encontró con los jíbaros, contrajo matrimonio con una india que desde un primer momento se encaprichó del gallego (probablemente, la hija de un jefe) y ganó influencia sobre los indígenas hasta adquirir rango de monarca. O quizás sucedió a su suegro en el mando. Sea como fuera, dos años después de su desaparición, el gallego Mosquera se frotaba los ojos en Iquitos al borde del muelle: su amigo Alfonso venía río abajo, capitaneando dos balsas llenas de indios y tesoros de la selva.

A partir de ese día, estas visitas se producirían dos veces al año. En la ruta por el Nieva hacia Iquitos está el temible Pongo de Maseriche, un lugar donde el río se estrecha y se acelera y los barcos desaparecen sin dejar rastro. El gallego rey de los jíbaros lo atraviesa agarrado a una pértiga. Las balsas van cargadas de pescado desecado, carne de mono, conchas y fósiles, sal de las lagunas y botellas de sangre de drago. Viejos periódicos envuelven las cabezas cortadas en tribus enemigas, reducidas al tamaño de un huevo.

El Mundo.

Hoy me lo contaron y no me lo podía creer...

HAY UN GALEGO NA LUA..

1 comentario:

Sacra dijo...

Reducir cabezas? hummm... no es mala idea, no, jajajaj.
Un biquiño.