jueves, 29 de abril de 2010

MIRADAS ENTRECRUZADAS



Hoy, no, ayer ya, un amigo me contó una bonita historia real. Y mientras lo hacía me fui perdiendo en aquellos ojos que se cruzaban y salió esta pequeña historia.





No soportaba aquel traje. El cuello de la camisa le molestaba en la nuca. Odiaba los cuellos,las camisas, los trajes, pero su condición de director de empresa, le obligaban a acudir a aquellos actos en los que se veía forzado  a encorsetarse dentro de aquella funda de personaje importante.
Hacía calor en aquel lugar, donde tenía que lucir una sonrisa de oreja a oreja a pesar de todo.
Pasó una mirada nervioso por encima de aquellas personas tan engalanadas como él, y la vio dos filas atrás.
Sus miradas se volvieron a cruzar y de nuevo volvió a sentir aquellas cosquillas en el estomago. Ya nada fue igual y se olvidó, incluso, del traje que tanto le hacía sudar.


Su madre había insistido y no pudo dar mas disculpas que no cuajaron.
Asi que no le quedó otro remedio que dejar de lado la monotonía a que cada día se obligaba a seguir y ponerse aquel maldito vestido de tiros largos que guardaba para ocasiones sin excusa.
Sentada al lado de ella, mientras esta no se perdía detalle de la presentación, nerviosa, jugaba con los dedos en el lazo que colgaba de su cuello, sin mirar ni escuchar.
Levantó la vista, respondiéndo a aquella llamada lejana... y fue cuando le vio con la mirada fija en ella.
Y de nuevo volvió a sentir aquellas cosquillas en el estómago. Ya nada fue igual y se olvidó del traje que tanto le hacía sudar.


Vivían en el mismo pueblo. Un pueblo pequeñito, dos calles en medio.
Desde niños recordaban aquellas miradas que se lanzaban desde la distancia, mas nunca llegaron a cruzar palabra. 
No sabían el porqué, sólo que cuando se encontraban sus ojos lanzaban llamaradas que les quemaban. Pero algo les separaba y no supieron descubrir la razón, sólo sentían aquel cosquilleo que les extremecía, mas siempre en la distancia, como dos imanes que se atraen y se repelen.


Él se había casado con una compañera de estudios con la que compartía su vida hacía mas de veinte años. Una buena posición social, nos hijos, cuatro coches y una buena casa. Su vida transcurría monótona y aburrida, unido a un amor vencido por los años.
Ella se levantaba todos los días y se dirigía a dar clase de música a alumnos de secundaria en el mismo pueblo donde residía. Había tenido un par de historias de amor que no cuajaron. Vivía en casa de su madre, anciana ya y viúda, de alta posición social, lo cual la obligaban a acceder a acudir a este tipo de actos que ella tanto odiaba.


Esa noche los dos soñaron lo mismo. Soñaron con aquel beso que se habían dado cuando al finalizar la representación, se levantaron de los asientos y se dirigieron hacia el pasillo.
Ella le esperó y él se acercó.
Sin dejar de mirarse, sus rostros se juntaron hasta que sus labios rozaron las mejillas , mientras la gente seguí la marea y se perdía en la puerta.
Unidos por sus pieles, por sus lábios, perdiendo la noción del tiempo.
Él nunca olvidaría aquel olor a jazmín que conocía tan bien sin conocer. Ella dormiría entre sus brazos y ya nunca sentiría frío...

2 comentarios:

Cele dijo...

Me ha causado tristeza, pero quien sabe algun dia los protagonistas de esta historia hagan realidad su sueño, aunque sea una vez.
Un abrazo

Carmela dijo...

Mientras vivan el sueño será bonito.
Es como el azucar glass de los bizcochos.
Un biquiño fermosa.