lunes, 5 de abril de 2010

ESCAPADA



El viernes me levanté diferente. Sentí que algo me dominaba... sentí ganas de huir.
Les dije a mis niñas de ir hasta A Coruña a dar una vuelta y así lo hicimos...mas por el camino algo se iba apoderando de mi y de mi grumete, algo tan fuerte que no le he podido poner freno.
Al llegar allí, les dije que me acompañaran... mas las chicas a estas edades siempre tienen una razón para decir no.
Allí las dejé quedar, en la estación de trenes para que volvieran a casa y mi grumete y yo hemos partido a la aventura... más aventura ya soñada. Aventura de escapar lejos y verlo.
Sin ropa para cambiarme, con el tlf sin batería y sin apenas carga en la máquina fotográfica, comenzamos a correr millas los dos solos; mi grumete y yo.
No me digáis que me pasó, sólo sé que a las dos y media de la mañana aparqué delante de una casa perdida en el monte y me quedé dormida agotada de tanto conducir, hasta que el amanecer me despertó en medio de la nada.
La sensación de libertad y el deseo de ver lo que quería ver cada vez era mas fuerte.
Ahora ya era de día y tras un paisaje lo vi.
Mis ojos se llenaron de lágrimas saladas, comos sus aguas. Pero eran lágrimas de alegría pues lo vi y lo sentí tal y como lo imaginaba.
Mi sueño pasaba a mi lado, o yo pasaba a su lado mientras mi estomago me hacía cosquillas.
Pero no paré ahí.
Ni idea de a dónde iba, solo deseo de ir mas allá hasta llegar a él.
Esa meta no tenía nombre, solo sentimiento y por él me dejé llevar.
Eran las 11.30 cuando llegué a Santander y bajé del coche por primera vez.
Preciosa ciudad como la canción dice. Ciudad antigua y bien cuidada, llena de vida y de color...
Allí fue mi primera parada, que duró todo un día.
Y allí alguien me llevó a verlo en su estado mas salvaje. Y volví a llorar mirando el infinito horizonte y el bravío de sus aguas rompiendo en la costa.
Alguien a quien no dejaré de agradecerle el mostrarme de cerca a Mi Mar.
Eso fue lo que sentí... que era mi mar... sus aguas, su fuerza, su horizonte sin fin...
Al día siguiente me vine visitando cada ciudad que encontraba en la Costa Cantábrica y en cada ciudad a donde iba, su mar era mi primera visita... mas es largo de contar.
Lo único que se, es que allí está mi hogar; en un curruchiño en una de cualquier acantilado, mirando hacia él.
Acabo de llegar a casa, cansada de tantas horas conduciendo, mas volvería mañana otra vez, y pasado y pasado mañana... Y volveré algún día para quedarme...y lo haré donde pueda asomarme a la ventana y tenerlo de frente...
El resto de la historia para otro día. Estoy muy cansada....mucho, así que el resto se quedará para mañana...estoy cansada y feliz, muy feliz.

2 comentarios:

madison dijo...

Me encanta lo que has escrito y por supuesto las fotografías.
Un abrazo

Carmela dijo...

Gracias meniña.
Las fotografías... simplemente plasman la belleza de la imagen que ves.
Un biquiño grande.