viernes, 22 de octubre de 2010

SEÑA MARUXA




Seña Maruxa hoy ha madrugado aún más que de costumbre.
Aún no había salido el sol y ya ella estaba llenando su carreta de cajas ya preparadas con sus verduras bien distribuidas.
El día anterior, las había lavado y agrupado en manojos: las de hojas verdes en una caja y las zanahorias en otra.
Las patatas, pimientos, tomates y lechugas iban apiladas  armoniosamente.
Estaba orgullosa de su cosecha, pensaba, mientras recordaba las horas y horas que había pasado cavando y con el culo para arriba limpiando hierbas. Y no digamos nada, al anochecer con el pincho mata topos: esos bichos mal nacidos que se querían comer su trabajo.
Seña Maruxa, no tenía necesidad de pasar tantos trabajos. Era mayor, ya viuda y con una buena pensión pero, ¿qué iba a hacer sino?. Toda su vida, desde niña se había dedicado a la tierra , a su casa , a sus hijos y marido.
Ahora ya todos se habían ido: sus hijos para la ciudad, pues el campo no daba para vivir, y el finado  hacía muchos años que reposaba bajo tierra, al que no añoraba después de tanto soportar sus palizas  cuando venía bebido de la taberna. Así que lo aguantara dios, si era capaz.
Seña Maruxa, cogió rumbo hacia la plaza, donde todos los jueves y sábados vendía su cosecha.  El camino era largo y tortuoso, sin asfaltar, y los pimientos y tomates saltaban como pelotas cada vez que la rueda de su carreta de mano pasaba sobre una piedra. Ella corría tras el vegetal cagándose en San Pito Pato, lo limpiaba con sumo cuidado y si se rompía, lo colocaba bajo los demás. Con un poco de suerte alguna compradora no se daría cuenta.
Colocada ya es su puesto, Seña Maruxa era feliz. Se sentía reina en trono de banqueta de madera más vieja que ella y que cojeaba de una pata ( como ella también). Y feliz, gritaba más que ninguna ofreciendo sus exquisitos manjares.
Con el rabillo del ojo, no se perdía detalle y tan pronto veía que se acercaba el cobrador de la plaza, le entraban unas ganas horrorosas de ir al water.
!No había derecho!, pensaba ella. Se querían llevar cincuenta céntimos de sus ventas, sólo por colocar una silla en el suelo. Y se escapaba pensando...! que se chinchen estos de Ayuntamiento! ¡ladrones!
Seña Maruxa era siempre la última en marchar. No porque no vendiera sus productos, que eran  bien apreciados, sabidos que eran abonados con caca de animal, sino que esperaba que aquellas destragadoras de la vida, dejasen tiradas aquellas cajas de madera, sin darle valor a una cosa tan apreciada. Las iba apilando una sobre otra: las que no le sirviesen para la próxima venta, las utilizaría para encender el fogón, que la gente no le da valor a las cosas, se decía.
Allá se iba, con un castillo de cajas en su carreta de mano, las cuales saltaban igual que los tomates mientras las maldiciones a San Pito Pato se iban quedando por el camino hacia su casa.
 Foto: Carmela

10 comentarios:

elintimistasecreto dijo...

No podía entender la vida de otra manera.
Me gustó el relato, esas escenas grises de existencias que ya no preguntan nada, ni piden otra cosa que las más sencillas de este mundo.

reltih dijo...

excelentísimo relato. cuántas vidas dejan de saber vivir.
besos

curro dijo...

Pero no nos has dicho quien es la Señora Maruxa, que me huelo que es alguien a ti cercana, por como lo cuentas, con ese cariño y esa nostalgia. Ya no quedan gentes fieles a su trabajo y a su vida. Cualquier otra persona hubiera abandonado porque ese trabajo ya no es rentable en los tiempos que corren, pero sin ese cacho de vida la señora maruxa ya hubiese palmado y estaria con el finado.

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
CARMELA

ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

rubo dijo...

Muy bonito, me encanta.
Besos.

Carmela dijo...

Aún hay gente así elintimista.
No piden nada más que vivir.
Un biquiño.

Carmela dijo...

¿Y eso es vida Reltih?
Desde luego una opción más que seguir hasta que se acabe.
Otro biquiño poeta.

Carmela dijo...

Curro, la Seña Maruxa es una aldeana más de muchas que existen aún.
No es nadie en particular.
Y es verdad, a esa tipo de personas, si les quitas de su monotonía, se finan :)
Un biquiño guapetón.

Carmela dijo...

José
Ramón
gracias
por
tu
ramillete
de
flores
y
tu
presencia
en
este
humilde
blog.
Te
visitaré.
Un
biquiño
muy
grande.

Carmela dijo...

Rubo me alegro mucho.
Simple relato de simple aprendiz.
Un biquiño muy grandote fermoso.