Recostada en el sofá, cerraba los ojos mientras intentaba recordar cada una de las palabras que habían utilizado para describirla el día anterior mientras enmudecía ante la imagen impresionante que podían tener de ella; pasión, tempestad, arte, mar bravío, fuerza huracanada, delicadeza, dulzura... Esto era una pequeña parte de lo que podía recordar, mientras ella, incrédula era incapaz de reconocerse en alguno de aquellos adjetivos.
-Despiertas sentimientos y sensaciones que arrasas y, al mismo tiempo, eres capaz de amainar tormentas con sólo una sonrisa o el acariciar de tu voz.
Aquellas frases, dónde ella no se veía, la iban alejando cada vez más de si misma, pues su inmovilidad en la vida diaria era tan grande, que trabajo le costaba el mínimo quehacer diario.
¿Cómo alguien la podía ver así?, divagaba mientras con lágrimas en los ojos esperaba el único descubrimiento que había hecho de sí misma; una llamada.
El teléfono sonó y, limpiándose las lágrimas, contestó a la primero llamada. Ya tenía el futuro asegurado.
.Hola cariño, aquí Conejito Caliente ,esta dispuesta para lo que desees....
Así comenzó a funcionar una nueva linea en la red sexual del mercado del desamor.
martes, 31 de marzo de 2009
lunes, 30 de marzo de 2009
TU MEJOR AMIGO
Ese cartel la había hecho parar en seco y ponerse a mirar aquel escaparate.
Los había de todos los tamaños,formas, grande y pequeños.... pero había uno que le llamó en especial la atención y decidida, entró en la tienda dispuesta a quedárselo.
Con muchas ilusión, se fue para casa y allí, dejando el bolso y la chaqueta encima de la silla, se sentó en la cama y miró con gran cariño su compra. Ese día era feliz, por fin había comprado algo que le iba a hacer más alegre la vida y , cogiéndolo con gran delicadeza, vio con asombro y placer, como se movía.
De repente, le saltó de las manos no sabía como y se fue a estrellar contra el suelo.
El cuerpo se le estremeció y cerrando los ojos, se levanto con cara de desilusión y, cogiendo la escoba y el recogedor, barrió los restos de aquel vibrador con el que pensaba compartir el resto de sus noches.
Los había de todos los tamaños,formas, grande y pequeños.... pero había uno que le llamó en especial la atención y decidida, entró en la tienda dispuesta a quedárselo.
Con muchas ilusión, se fue para casa y allí, dejando el bolso y la chaqueta encima de la silla, se sentó en la cama y miró con gran cariño su compra. Ese día era feliz, por fin había comprado algo que le iba a hacer más alegre la vida y , cogiéndolo con gran delicadeza, vio con asombro y placer, como se movía.
De repente, le saltó de las manos no sabía como y se fue a estrellar contra el suelo.
El cuerpo se le estremeció y cerrando los ojos, se levanto con cara de desilusión y, cogiendo la escoba y el recogedor, barrió los restos de aquel vibrador con el que pensaba compartir el resto de sus noches.
Soy tan sólo un hombre sencillo
Soy tan sólo un hombre sencillo
que tubo la osadía de desafiar al amor
me creía a salvo de él,
pensaba que mi tiempo y el suyo
habían pasado.
Hablaba de él en términos lejanos.
desde mi atalaya, lo veía lejano y distante,
y ningún sentido me alertó,
de que se disponía a herirme.
Entre las tardes lánguidas y placenteras
mi alma se adormecía,
cómo un gato al sol sobre el sofá.
Toda al amplitud de los años y su misterio
parecían salvaguardarme
de querer repetir el misterio del amor.
Pero llegaste tú,
con un eco fragoroso
de timbales y trompetas
enseñoreándote de mi vida,
rompiendo los silencios donde me ocultaba.
Insuflando en mi sentimientos,
que inflaman la mirada,
haciéndome pensar en un futuro impensable
que estalla dentro y fuera de mi.
Ahora anhelo ese amor
te anhelo a ti,
sin mezquindad, sin orgullo,
aceptando esa dádiva del cielo,
un reducto de luz en mi vida,
y decirte tan sólo dos palabras.
Te amo.
JAUMEREI
que tubo la osadía de desafiar al amor
me creía a salvo de él,
pensaba que mi tiempo y el suyo
habían pasado.
Hablaba de él en términos lejanos.
desde mi atalaya, lo veía lejano y distante,
y ningún sentido me alertó,
de que se disponía a herirme.
Entre las tardes lánguidas y placenteras
mi alma se adormecía,
cómo un gato al sol sobre el sofá.
Toda al amplitud de los años y su misterio
parecían salvaguardarme
de querer repetir el misterio del amor.
Pero llegaste tú,
con un eco fragoroso
de timbales y trompetas
enseñoreándote de mi vida,
rompiendo los silencios donde me ocultaba.
Insuflando en mi sentimientos,
que inflaman la mirada,
haciéndome pensar en un futuro impensable
que estalla dentro y fuera de mi.
Ahora anhelo ese amor
te anhelo a ti,
sin mezquindad, sin orgullo,
aceptando esa dádiva del cielo,
un reducto de luz en mi vida,
y decirte tan sólo dos palabras.
Te amo.
JAUMEREI
EL JUBÓN
De sus ojos caían lágrimas, mientras con la mayor suavidad , sus dedos iban tirando de la lana con la que casi había terminado aquel jubón. Era tan delicada que acariciaba, y ella tiraba del hilo mientras el tejido iba desapareciendo a la vista, pasando a formar parte de una pequeña pelota, que acabó de lado. Pensaba en las ilusiones de la espera que un pequeño cuerpo luciera aquella prenda que con tanto amor había tejido.
Cuando sus ojos quedaron secos,se levantó de la cama y se asomó a la ventana, donde se podía ver la entrada de urgencias de aquel hospital. En ese preciso momento, una chica con gesto de dolor acompañada por su pareja y con una bolsa de color rosa, entraba. Ella se vio reflejada, cuando unas horas antes, mientras agarraba a su niño aún en el vientre, pensaba en lo poco que le quedaba ya para terminar de tejer aquel jubón...
Se volvió a meter en la cama, mientras con cara de angustia, agarraba aquellas pieles vacías donde se habían quedado nueve meses de espera.
Cuando sus ojos quedaron secos,se levantó de la cama y se asomó a la ventana, donde se podía ver la entrada de urgencias de aquel hospital. En ese preciso momento, una chica con gesto de dolor acompañada por su pareja y con una bolsa de color rosa, entraba. Ella se vio reflejada, cuando unas horas antes, mientras agarraba a su niño aún en el vientre, pensaba en lo poco que le quedaba ya para terminar de tejer aquel jubón...
Se volvió a meter en la cama, mientras con cara de angustia, agarraba aquellas pieles vacías donde se habían quedado nueve meses de espera.
viernes, 27 de marzo de 2009
PERDON
Quizás, lo más duro de la vida, sea reconocer que uno mismo está equivocado, que no siempre llevamos la verdad con nosotros, que no siempre la forma de expresar ideas y sentimientos es la misma en todo ser humano.
Quizás, el motivo por el que hay más incomprensiones, discusiones inútiles, separaciones absurdas, es el no entender que los sentimientos de los demás pueden ser los mismo que los nuestros, pero demostrados en diferente manera y que incluso pueden ser vividos con más fuerza y más entrega.
Quizás el silencio, que para muchos de nosotros no dice nada, puede decirlo todo y que nosotros, ciegos de egoísmo y faltos de comprensión hagamos oídos sordos a él.
Quizás, podamos perder por culpa de no darnos cuenta de que el amor, no necesita palabras, sólo sensaciones y estas no se puede escribir con letras, pudiendo quedar impresas en el silencio.
Yo, desde aquí, pino perdón, por no haber podido sentir esos silencios, por no entender que no todo el mundo es como yo, ni se expresa con letras, que al fin y al cabo lo único importante es el compartir esos silencios y sentirse feliz con ellos.
Pero , al fin y al cabo, todos somos humanos y podemos errar, pero que lo importante es darse cuenta de lo que más necesitamos, es que estén ahí, a nuestro lado, y yo estaré al lado de quien comparta conmigo el silencio.
Quizás, el motivo por el que hay más incomprensiones, discusiones inútiles, separaciones absurdas, es el no entender que los sentimientos de los demás pueden ser los mismo que los nuestros, pero demostrados en diferente manera y que incluso pueden ser vividos con más fuerza y más entrega.
Quizás el silencio, que para muchos de nosotros no dice nada, puede decirlo todo y que nosotros, ciegos de egoísmo y faltos de comprensión hagamos oídos sordos a él.
Quizás, podamos perder por culpa de no darnos cuenta de que el amor, no necesita palabras, sólo sensaciones y estas no se puede escribir con letras, pudiendo quedar impresas en el silencio.
Yo, desde aquí, pino perdón, por no haber podido sentir esos silencios, por no entender que no todo el mundo es como yo, ni se expresa con letras, que al fin y al cabo lo único importante es el compartir esos silencios y sentirse feliz con ellos.
Pero , al fin y al cabo, todos somos humanos y podemos errar, pero que lo importante es darse cuenta de lo que más necesitamos, es que estén ahí, a nuestro lado, y yo estaré al lado de quien comparta conmigo el silencio.
ME GUSTA
A mi me gusta el verso cálido,
la mirada franca,
la piel tostada y el cabello largo en la mujer.
A mí me gusta esa mujer
que se tumba de espaldas
y se sienta sobre mil
Me gusta imitar al sol
que como un amante,
sube a su cama al amanecer,
juega como un niño con su cuerpo desnudo,
salpicándola de sonrisas y besos.
Me gusta esa mujer
de ardientes labios
que se esconde tras una flor,
camuflando su color,
labios de rosa, pétalos rosados,
se confunden ante mis ojos.
Nada me gusta tanto
como enroscarme con ella,
empaparme de sus jugos,
ensortijar mis dedos con sus cabellos,
mientras suspira abandonada al tiempo,
al amor,
a mi.
JAUMEREI
la mirada franca,
la piel tostada y el cabello largo en la mujer.
A mí me gusta esa mujer
que se tumba de espaldas
y se sienta sobre mil
Me gusta imitar al sol
que como un amante,
sube a su cama al amanecer,
juega como un niño con su cuerpo desnudo,
salpicándola de sonrisas y besos.
Me gusta esa mujer
de ardientes labios
que se esconde tras una flor,
camuflando su color,
labios de rosa, pétalos rosados,
se confunden ante mis ojos.
Nada me gusta tanto
como enroscarme con ella,
empaparme de sus jugos,
ensortijar mis dedos con sus cabellos,
mientras suspira abandonada al tiempo,
al amor,
a mi.
JAUMEREI
jueves, 26 de marzo de 2009
EL LABERINTO
Estaba cansada de muros, barreras; caminaba siempre dando vueltas y no daba encontrado la salida.
Vivía en un laberinto, murallas de piedra la rodeaban dejando una sola salida que siempre la confundía y la llevaba a otro recinto rodeado de los mismos muros con otra salida que tampoco tenía fin.
Cansada se sentó en medio, intentado pensar en el como poner fin a aquella pesadilla...Se levantó ya muy segura de sí misma; cogió un gran mazo que le pesaba tanto como su propia vida y balanceándolo, cogiendo el impulso necesario , golpeó contra el primer muro y este se tambaleó desplomándose en el suelo y dejando ver una nueva salida.
Sonriente, aunque destrozada por el primer esfuerzo, siguió de frente, dejando el camino libre de barreras y muros.
Una nueva esperanza iluminaba su futuro: no importaba el tiempo, ni el esfuerzo, sólo que llegaría a la meta costase lo que costase.
Vivía en un laberinto, murallas de piedra la rodeaban dejando una sola salida que siempre la confundía y la llevaba a otro recinto rodeado de los mismos muros con otra salida que tampoco tenía fin.
Cansada se sentó en medio, intentado pensar en el como poner fin a aquella pesadilla...Se levantó ya muy segura de sí misma; cogió un gran mazo que le pesaba tanto como su propia vida y balanceándolo, cogiendo el impulso necesario , golpeó contra el primer muro y este se tambaleó desplomándose en el suelo y dejando ver una nueva salida.
Sonriente, aunque destrozada por el primer esfuerzo, siguió de frente, dejando el camino libre de barreras y muros.
Una nueva esperanza iluminaba su futuro: no importaba el tiempo, ni el esfuerzo, sólo que llegaría a la meta costase lo que costase.
miércoles, 25 de marzo de 2009
PESADILLAS
Otra vez se despertó sobresaltada. Se incorporó en la cama y abrió mucho los ojos como queriendo escapar de aquel sueño que tanto la había angustiado; ella no había matado a nadie ni la policía la perseguía, ni habían puesto una bomba en ningún colegio... pero la sensación de miedo arrancaban lágrimas que corrían tan rápido por su mejillas , como agua de ría que lleva la corriente.
Hacía mucho tiempo que no se sentía así, que no sentía ese miedo y esa soledad, pero no tenía tiempo a pensar, sólo dejaba que las lágrimas mojasen su cara y sus ropas, deseando que con ellas se fuese ese dolor que no la dejaba llenar sus pulmones de aire y su cabeza se espesara.
No le bastó un " te quiero", ni un abrazo, ni un "estate conmigo"; sentía como un muro crecía de nuevo entre los dos, y que la felicidad del reencuentro , sólo fuese un lapsus en el tiempo, un momento de debilidad al que ella se había aferrado , dejándose llevar por el sueño, sueño feliz... no como aquel que la hizo saltar de la cama y acudir al trankimacin como alma que lleva el diablo.
Hacía mucho tiempo que no se sentía así, que no sentía ese miedo y esa soledad, pero no tenía tiempo a pensar, sólo dejaba que las lágrimas mojasen su cara y sus ropas, deseando que con ellas se fuese ese dolor que no la dejaba llenar sus pulmones de aire y su cabeza se espesara.
No le bastó un " te quiero", ni un abrazo, ni un "estate conmigo"; sentía como un muro crecía de nuevo entre los dos, y que la felicidad del reencuentro , sólo fuese un lapsus en el tiempo, un momento de debilidad al que ella se había aferrado , dejándose llevar por el sueño, sueño feliz... no como aquel que la hizo saltar de la cama y acudir al trankimacin como alma que lleva el diablo.
lunes, 23 de marzo de 2009
LE ESPERABA
Le esperaba todos los días, cuando despertaba por la mañana, cuando se levantaba de la cama y ponía con desgana la ropa encima, cuando ponía su cuerpo en movimiento a pesar de la desidia que le embargaba...
Le esperaba cuando cogía las pastillas y se tomaba el sorbo de leche, cuando se volvía a recostar porque se dejaba llevar por el "no", cuando se volví a incorporar pesando media tonelada más.
Le esperaba, cuando paseando por la playa se echaba sobre la arena y cerraba los ojos mientras se imaginaba muy lejos de dónde estaba, cuando los volvía a abrir y observaba el vuelo de las gaviotas.
Le esperaba cuando la noche se hacía, y la soledad entraba por la ventana de su habitación, dejándose envolver por el silencio...
Le esperaba mientras las pesadillas le despertaban con un salto en la cama y la angustia le sobrecogía, mientras el corazón latía tan fuerte que no podía respirar...
Esa mañana abrió los ojos como cada mañana; esa mañana notó una presión en su cintura y recordó que ya no tenía que esperar más, pues el calor que le transmitía aquel abrazo dejaba atrás todas las esperas.
Le esperaba cuando cogía las pastillas y se tomaba el sorbo de leche, cuando se volvía a recostar porque se dejaba llevar por el "no", cuando se volví a incorporar pesando media tonelada más.
Le esperaba, cuando paseando por la playa se echaba sobre la arena y cerraba los ojos mientras se imaginaba muy lejos de dónde estaba, cuando los volvía a abrir y observaba el vuelo de las gaviotas.
Le esperaba cuando la noche se hacía, y la soledad entraba por la ventana de su habitación, dejándose envolver por el silencio...
Le esperaba mientras las pesadillas le despertaban con un salto en la cama y la angustia le sobrecogía, mientras el corazón latía tan fuerte que no podía respirar...
Esa mañana abrió los ojos como cada mañana; esa mañana notó una presión en su cintura y recordó que ya no tenía que esperar más, pues el calor que le transmitía aquel abrazo dejaba atrás todas las esperas.
sábado, 21 de marzo de 2009
NO QUIERO FUMAR
Al abrir los ojos, el semblante se le iluminó. Sintió como una corriente recorría su cuerpo. Allí, recostada junto a él , piel con piel, el recuerdo del placer sentido unas horas antes, la hacía estremecer.
Por fin se había demostrado que no estaba muerta y que aún sentía como mujer.
Mientras él dormía relajadamente, ella cogió el tabaco y el mechero y encendió el primer cigarrillo de la mañana. En el momento en el que quiso dar su primera calada, él le cogió la mano para que no lo acercara y le tapó la boca con la suya en un apasionado beso.
- ¿Prefieres el tabaco o mis labios?.
Apagando el cigarrillo , decidió que ya no le apetecía fumar...
Por fin se había demostrado que no estaba muerta y que aún sentía como mujer.
Mientras él dormía relajadamente, ella cogió el tabaco y el mechero y encendió el primer cigarrillo de la mañana. En el momento en el que quiso dar su primera calada, él le cogió la mano para que no lo acercara y le tapó la boca con la suya en un apasionado beso.
- ¿Prefieres el tabaco o mis labios?.
Apagando el cigarrillo , decidió que ya no le apetecía fumar...
viernes, 20 de marzo de 2009
LA CASA DE MIS ABUELOS
Yo tenía un abuela, que vivía a no muy lejos de mi casa, en una aldea. Tenía un tienda de esas de las de antes, con mesas y sillas donde se podía jugar una partida , mientras se tomaba un vino o ver la televisión, al mismo tiempo que comprarse un pollo o una tableta de Otolidones.
Casi no la veía nada, pero cuando llegaban las fiestas , invitaba a todos sus hijos y nietos a comer allí durante tres días consecutivos.
Todos los pequeños estábamos a la espectativa de que llegara ese día, pues nuestros padres nos daban el permiso de dormir allí y la aventura comenzaba.
La casa era de dos plantas. En la de abajo entrabas por la tienda, pintada de color verde y con serrín en el suelo. Al lado estaba la cocina dónde con sus manos maestras, hacia que un triste pollo supiese a manjar. Le seguía un pequeño pasillo que iba a dar a un gran almacén cargado de todas las cosas que uno se puede imaginar; sacos llenos de comida para animales, donde los nietos hacíamos escaladas quedando todos blancos, amarillos, según el pico que alanzásemos; patatas, cajas de gaseosas, y al final unas jaulas llenas de gallinas ponedoras donde lo más divertido era ver como iban callendo los huevos en una canaletas que las bordeaban.
A la izquierda estaba uno de mis dos grandes terrores que hacían tan misteriosa aquella casa y donde el morbo me sobrecogía; una gran porqueriza donde nunca faltaba una cerda inmensa rodeada de cerditos pequeños a los que yo tenía terror y donde no había más remedio que entrar si querías ir a orinar, pues allí estaba el water, sucio, que sólo constaba de una pileta donde lavarse las manos y un plato en el suelo con sitio donde poner los pies y ponerse en cuclillas .Me acuerdo la primera vez que vi ese invento, y que colocándome al revés, orine hacia la puerta. Ay!, aquel olor a pis y a cerdo...
En la taberna había unas viejas escaleras que subían hacia el piso de arriba que constaba de tres habitaciones que yo recuerde, un baño y una sala. En una de esas habitaciones era donde pasábamos la noches los 5 o 6 nietos que quedamos a dormir, y como podíamos nos colocábamos como sardinas en lata para no dormir en el suelo. La casualidad era que la pera de la luz de la habitación siempre estaba estropeada, aunque la verdad, era tan poca la fuerza de corriente que tenía la casa que aún con luz andabas en penumbras.
La sala, ay la sala! constaba de un mueble viejo y destartalado y tres sillas puestas sin orden ninguno, pero lo más interesante, era el gran agujero que había en el suelo, que estrategicamente habían tapado con una alfombra, para que no se viera, era el peligro mortal que nos sobrecogía a todos, pero.. cuantos cajones tenía llenos de cosas misteriosas donde yo me perdía revolviendo...
En el cuarto de baño era casi tan imposible orinar como en el de abajo, pues las cañerías estaban siempre atascada y flotaban mil cosas perdidas, así que nos íbamos al almacén y dejábamos huellas de nuestro estar allí, por todas partes.
La habitación de mis abuelos constaba de un viejo armario lleno de sabanas bordadas y cuatro piezas de ropa vieja, pero, allí descubrí por primera vez un objeto que me dejaba absorta mientras le daba vueltas de un lado a otro; una bola de cristal con un bonito paisaje dentro, lleno de nieve que caía según la fueses moviendo. De ahí mi afición por ellas desde pequeña, pero, ya no son como las de antes...
Y por último, en aquella planta estaban otras escaleras, ains, unas escaleras que llevaban al ático donde ningún nieto , que yo recuerde, jamás fue capaz de subir ni el primer escalón, por temor a encontrarse algún monstruo o el fantasma de mi tío, muerto hacía muchos años.
Allí, pasábamos tres días, riendo, jugando o lo más divertido, abriendo las tabletas de chocolate, para saber cuales eran las premiadas y cual era el regalo; después las volvíamos a cerrar matando así, nuestra curiosidad.
Las mil y una trastadas que allí hacíamos, es uno de los pocos recuerdos felices de mi niñez. La libertad de perdernos por todos aquellos recovecos, cruzar la carretera para ira al río, que servía de lavadero... y por último; los grandes bocadillos que nuestra abuela nos daba de media barra de pan con un gran trozo de chocolate del gordo dónde era imposible meter el diente.
Mi abuela, a la que yo recuerdo con sus grandes pechos, su pelo blanco y su cara dulce, que cuando hablaba con nosotros siempre lo hacía con cariño, y cuando lo hacía con los demás salían de su boca siempre palabras sobre la vida y la importancia de los sentimientos...
Casi no la veía nada, pero cuando llegaban las fiestas , invitaba a todos sus hijos y nietos a comer allí durante tres días consecutivos.
Todos los pequeños estábamos a la espectativa de que llegara ese día, pues nuestros padres nos daban el permiso de dormir allí y la aventura comenzaba.
La casa era de dos plantas. En la de abajo entrabas por la tienda, pintada de color verde y con serrín en el suelo. Al lado estaba la cocina dónde con sus manos maestras, hacia que un triste pollo supiese a manjar. Le seguía un pequeño pasillo que iba a dar a un gran almacén cargado de todas las cosas que uno se puede imaginar; sacos llenos de comida para animales, donde los nietos hacíamos escaladas quedando todos blancos, amarillos, según el pico que alanzásemos; patatas, cajas de gaseosas, y al final unas jaulas llenas de gallinas ponedoras donde lo más divertido era ver como iban callendo los huevos en una canaletas que las bordeaban.
A la izquierda estaba uno de mis dos grandes terrores que hacían tan misteriosa aquella casa y donde el morbo me sobrecogía; una gran porqueriza donde nunca faltaba una cerda inmensa rodeada de cerditos pequeños a los que yo tenía terror y donde no había más remedio que entrar si querías ir a orinar, pues allí estaba el water, sucio, que sólo constaba de una pileta donde lavarse las manos y un plato en el suelo con sitio donde poner los pies y ponerse en cuclillas .Me acuerdo la primera vez que vi ese invento, y que colocándome al revés, orine hacia la puerta. Ay!, aquel olor a pis y a cerdo...
En la taberna había unas viejas escaleras que subían hacia el piso de arriba que constaba de tres habitaciones que yo recuerde, un baño y una sala. En una de esas habitaciones era donde pasábamos la noches los 5 o 6 nietos que quedamos a dormir, y como podíamos nos colocábamos como sardinas en lata para no dormir en el suelo. La casualidad era que la pera de la luz de la habitación siempre estaba estropeada, aunque la verdad, era tan poca la fuerza de corriente que tenía la casa que aún con luz andabas en penumbras.
La sala, ay la sala! constaba de un mueble viejo y destartalado y tres sillas puestas sin orden ninguno, pero lo más interesante, era el gran agujero que había en el suelo, que estrategicamente habían tapado con una alfombra, para que no se viera, era el peligro mortal que nos sobrecogía a todos, pero.. cuantos cajones tenía llenos de cosas misteriosas donde yo me perdía revolviendo...
En el cuarto de baño era casi tan imposible orinar como en el de abajo, pues las cañerías estaban siempre atascada y flotaban mil cosas perdidas, así que nos íbamos al almacén y dejábamos huellas de nuestro estar allí, por todas partes.
La habitación de mis abuelos constaba de un viejo armario lleno de sabanas bordadas y cuatro piezas de ropa vieja, pero, allí descubrí por primera vez un objeto que me dejaba absorta mientras le daba vueltas de un lado a otro; una bola de cristal con un bonito paisaje dentro, lleno de nieve que caía según la fueses moviendo. De ahí mi afición por ellas desde pequeña, pero, ya no son como las de antes...
Y por último, en aquella planta estaban otras escaleras, ains, unas escaleras que llevaban al ático donde ningún nieto , que yo recuerde, jamás fue capaz de subir ni el primer escalón, por temor a encontrarse algún monstruo o el fantasma de mi tío, muerto hacía muchos años.
Allí, pasábamos tres días, riendo, jugando o lo más divertido, abriendo las tabletas de chocolate, para saber cuales eran las premiadas y cual era el regalo; después las volvíamos a cerrar matando así, nuestra curiosidad.
Las mil y una trastadas que allí hacíamos, es uno de los pocos recuerdos felices de mi niñez. La libertad de perdernos por todos aquellos recovecos, cruzar la carretera para ira al río, que servía de lavadero... y por último; los grandes bocadillos que nuestra abuela nos daba de media barra de pan con un gran trozo de chocolate del gordo dónde era imposible meter el diente.
Mi abuela, a la que yo recuerdo con sus grandes pechos, su pelo blanco y su cara dulce, que cuando hablaba con nosotros siempre lo hacía con cariño, y cuando lo hacía con los demás salían de su boca siempre palabras sobre la vida y la importancia de los sentimientos...
LO NECESITABA
Lo necesitaba, necesitaba un cuerpo cerca, un cuerpo que le hiciese sentir viva de nuevo ; sentir que su piel se erizaba al contacto del calor de un hombre.
Hacía meses que se había divorciado y el dolor lo le había dejado pensar en nada más que es su nueva soledad, pero ahora sentía esa necesidad que hacía tanto tiempo que no tenía; la de sentirse deseada en los ojos de un hombre y ella poderla corresponder con la suya. Pero tantos años de castidad, le negaban tal pensamiento, era pecado, porque aún se sentía esclava de su pasado, pero su deseo fue creciendo con el tiempo hasta que se hizo insoportable. Tenía que liberarse y volver a sentirse mujer.
De repente apareció él, ¿por qué no?,se preguntó. Era una buena manera de comenzar sin sentirse tan culpable. La distancia que los separaba era un seguro y su amistad otra protección. Así, que con miedo, pero con decisión se lo pidió abiertamente.
-Acercate a mi, a un paso, los dos de pie. Acercate más pero deja un película de aire que separe nuestros cuerpos; sólo siente mi calor y yo sentiré el tuyo. Ahora acerca tu cara a la mía, pero no me toques, sólo acercate e imagina que sientes mi piel.
El la miraba asombrado, pero seguía sus peticiones como si de mandamientos se tratases.
-Vente, acercate a mis labios, que casi se rocen, pero no lo hagas; deja el espacio suficiente como para que pueden temblar.Siente mi respiración en tu rostro y yo sentiré la tuya.
Así se quedaron en silencio unos minutos , que parecieron una eternidad.
Por fin lo había conseguido; era un buen comienzo, aunque un vacío quedase en medio.
Ella abrió los ojos y retrocediendo el pidió que se fuese, pero él no le hizo caso y en silencio la seguía mirando ya no con sorpresa, sino que con deseo.
Se dio cuenta de que la seguridad que en un principio había sentido se acababa por segundos y, sorprendida ahora ella, se vio reflejada en el como en un espejo.
Temblorosa retrocedió hacia atrás, hasta que su cuerpo tropezó con la pared de la habitación; ya no podía escapar más.
Él la seguía mirando pero ya con ojos de felino y comenzó a avanzar hasta acorralarla; abrió su brazos y colocó una mano a cada lado de la pared, dejándola a ella en medio.
Se acercó, se acercó mucho, tanto como al principio ella le había pedido, pero no la tocaba, respetando la distancia suficiente para que sólo sus auras hicieses contacto.
Un calor axfisiante comenzó a desprenderse de sus cuerpos, de todos los poros de su piel y una nube de humedad recorrió la pequeña distancia que los separaba y las ropas que les cubría.
Sus respiraciones se agitaban cada vez más, sus labios temblaban, sus ojos se cerraron; sólo los unía la proximidad, el calor, la humedad y el latir de sus corazones que sentían estallar en su pecho. Se estaban quemando, ardían el llamas, llamas húmedas.
Comenzaron a gemir a unisono, uno cara el otro, sin sentir el rozar de sus cuerpos, pero no les hacía falta; el deseo y el placer eran tan fuertes, que fueron suficiente como para sentir el mayor éxtasis de sus vidas hasta que su piernas dejaron de sostenerles.
Cayeron al suelo, donde sí sintieron la necesidad de sentir sus cuerpos y abrazándose fuerte mente se quedaron dormidos.
Hacía meses que se había divorciado y el dolor lo le había dejado pensar en nada más que es su nueva soledad, pero ahora sentía esa necesidad que hacía tanto tiempo que no tenía; la de sentirse deseada en los ojos de un hombre y ella poderla corresponder con la suya. Pero tantos años de castidad, le negaban tal pensamiento, era pecado, porque aún se sentía esclava de su pasado, pero su deseo fue creciendo con el tiempo hasta que se hizo insoportable. Tenía que liberarse y volver a sentirse mujer.
De repente apareció él, ¿por qué no?,se preguntó. Era una buena manera de comenzar sin sentirse tan culpable. La distancia que los separaba era un seguro y su amistad otra protección. Así, que con miedo, pero con decisión se lo pidió abiertamente.
-Acercate a mi, a un paso, los dos de pie. Acercate más pero deja un película de aire que separe nuestros cuerpos; sólo siente mi calor y yo sentiré el tuyo. Ahora acerca tu cara a la mía, pero no me toques, sólo acercate e imagina que sientes mi piel.
El la miraba asombrado, pero seguía sus peticiones como si de mandamientos se tratases.
-Vente, acercate a mis labios, que casi se rocen, pero no lo hagas; deja el espacio suficiente como para que pueden temblar.Siente mi respiración en tu rostro y yo sentiré la tuya.
Así se quedaron en silencio unos minutos , que parecieron una eternidad.
Por fin lo había conseguido; era un buen comienzo, aunque un vacío quedase en medio.
Ella abrió los ojos y retrocediendo el pidió que se fuese, pero él no le hizo caso y en silencio la seguía mirando ya no con sorpresa, sino que con deseo.
Se dio cuenta de que la seguridad que en un principio había sentido se acababa por segundos y, sorprendida ahora ella, se vio reflejada en el como en un espejo.
Temblorosa retrocedió hacia atrás, hasta que su cuerpo tropezó con la pared de la habitación; ya no podía escapar más.
Él la seguía mirando pero ya con ojos de felino y comenzó a avanzar hasta acorralarla; abrió su brazos y colocó una mano a cada lado de la pared, dejándola a ella en medio.
Se acercó, se acercó mucho, tanto como al principio ella le había pedido, pero no la tocaba, respetando la distancia suficiente para que sólo sus auras hicieses contacto.
Un calor axfisiante comenzó a desprenderse de sus cuerpos, de todos los poros de su piel y una nube de humedad recorrió la pequeña distancia que los separaba y las ropas que les cubría.
Sus respiraciones se agitaban cada vez más, sus labios temblaban, sus ojos se cerraron; sólo los unía la proximidad, el calor, la humedad y el latir de sus corazones que sentían estallar en su pecho. Se estaban quemando, ardían el llamas, llamas húmedas.
Comenzaron a gemir a unisono, uno cara el otro, sin sentir el rozar de sus cuerpos, pero no les hacía falta; el deseo y el placer eran tan fuertes, que fueron suficiente como para sentir el mayor éxtasis de sus vidas hasta que su piernas dejaron de sostenerles.
Cayeron al suelo, donde sí sintieron la necesidad de sentir sus cuerpos y abrazándose fuerte mente se quedaron dormidos.
OJOS ARDIENTES
Se sentía observada. Cuando bajaba las escaleras se metía en su coche para ir al trabajo; él la recibía con una espléndida sonrisa y una mirada que la desnudaba. El camino era grato, siempre ameno y musical, pues la mayor parte del tiempo. le iba cantando en voz queda, porque sabía que a ella le gustaba escuchar su voz.
Cuando llegaban a su destino, sólo se separaba de ella en el momento de colocarse en luna para poder seguir cantando, sólo que estas no eran canciones de amor, pero ni así podía remediar el no perderla de vista y la miraba de reojo.
Ella conocía sus deseos; la quería a solas, fuera del trabajo, la quería para él.
Esa noche se había arreglado; se ducho, se vistió, con lindas ropas que lucían escote y retocó un poco su cara. Comenzó a bajar las escaleras, dejando atrás todos sus perjuicios.
Esa noche iba a ser la primera, un paso adelante hacia su libertad...?
Cuando llegaban a su destino, sólo se separaba de ella en el momento de colocarse en luna para poder seguir cantando, sólo que estas no eran canciones de amor, pero ni así podía remediar el no perderla de vista y la miraba de reojo.
Ella conocía sus deseos; la quería a solas, fuera del trabajo, la quería para él.
Esa noche se había arreglado; se ducho, se vistió, con lindas ropas que lucían escote y retocó un poco su cara. Comenzó a bajar las escaleras, dejando atrás todos sus perjuicios.
Esa noche iba a ser la primera, un paso adelante hacia su libertad...?
jueves, 19 de marzo de 2009
DIGO QUE NO SOY UN HOMBRE PURO
Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro, ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro, ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.
Así lo dejo escrito.
De: La rueda dentada, 1972.
NICOLAS GUILLÉN
Un día, alguien a quien querré siempre me mostró este poema el cual me dejo impresionada, tanto que estas palabras aún me enamoran.
Hoy lo quiero compartir de nuevo con todos vosotros, pues creo que es la mejor forma de hacernos saber lo asquerosamente humanos que somos.
Y en especial con alguien con el que tuve una conversación, y que sé seguro que lo conoce, pero que leerlo de vez en cuando sienta bien.
Nadie es puro, pero que nuestras impurezas no dañen a los demás.
Para ti meniño con mis mejores deseos.
Carmela
Un día, alguien a quien querré siempre me mostró este poema el cual me dejo impresionada, tanto que estas palabras aún me enamoran.
Hoy lo quiero compartir de nuevo con todos vosotros, pues creo que es la mejor forma de hacernos saber lo asquerosamente humanos que somos.
Y en especial con alguien con el que tuve una conversación, y que sé seguro que lo conoce, pero que leerlo de vez en cuando sienta bien.
Nadie es puro, pero que nuestras impurezas no dañen a los demás.
Para ti meniño con mis mejores deseos.
Carmela
LLEGO LA NOCHE
Llegó la noche, y no encontré un asilo,
¡y tuve sed!... mis lágrimas bebí,
¡y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos
cerré para morir!
¿Estaba en un desierto? Aunque a mi oído
de las turbas llegaba el ronco hervir,
yo era huérfano y pobre... ¡El mundo estaba
desierto... para mí!
BÉCQUER
BÉCQUER
NO SE LO QUE HE SOÑADO
No sé lo que he soñado
en la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba.
Noté al incorporarme
húmeda la almohada,
y por primera vez sentí al notarlo
de un amargo placer henchirse el alma.
Triste cosa es el sueño
que llanto nos arranca,
mas tengo en mi tristeza una alegría...
¡Sé que aún me quedan lágrimas!
BÉCQUER
BÉCQUER
EL OTRO DÍA
El otro día, (no me acuerdo cuando) sentí que era feliz. Me desperté por la mañana gozando del sol que entraba por mi ventana.
El otro día, (no me acuerdo cuando) sentí que era feliz. Una sonrisa brotaba de mis labios y mis ojos brillaban.
El otro día, (no me acuerdo cuando) me sonaron a música el canto de los pájaros y el ladrar de los perros.
El otro día, (no me acuerdo cuando) salí al balcón y el aire de la mañana olía a perfume de flores.
El otro día, (no me acuerdo cuando) me sentí amada y deseada y un cosquilleo recorrió mi cuerpo.
El otro día, (no me acuerdo cuando) ya no este día, se que fue un día, pero no me acuerdo cuando...
El otro día, (no me acuerdo cuando) sentí que era feliz. Una sonrisa brotaba de mis labios y mis ojos brillaban.
El otro día, (no me acuerdo cuando) me sonaron a música el canto de los pájaros y el ladrar de los perros.
El otro día, (no me acuerdo cuando) salí al balcón y el aire de la mañana olía a perfume de flores.
El otro día, (no me acuerdo cuando) me sentí amada y deseada y un cosquilleo recorrió mi cuerpo.
El otro día, (no me acuerdo cuando) ya no este día, se que fue un día, pero no me acuerdo cuando...
ESTOY PERDIDA
Estoy perdida, gritaba sin voz mientras intentaba tocarse para poder sentir algo.
Estoy perdida, e intentaba peñizcarse para hacerse daño sin poderlo conseguir.
Estoy perdida, mientras intentaba oír su corazón y éste no latía.
Estoy perdida, y no sentía donde tenía apoyados sus pies.
Estoy perdida, y no veía paredes pues no había limites donde se encontraba.
Estoy perdida.
Pero se tranquilizó cuando sintió como las lágrimas caían por sus mejillas.
Estoy perdida, e intentaba peñizcarse para hacerse daño sin poderlo conseguir.
Estoy perdida, mientras intentaba oír su corazón y éste no latía.
Estoy perdida, y no sentía donde tenía apoyados sus pies.
Estoy perdida, y no veía paredes pues no había limites donde se encontraba.
Estoy perdida.
Pero se tranquilizó cuando sintió como las lágrimas caían por sus mejillas.
FETO
Era tan fuerte la angustia que sentía que ni de pié se podía aguantar. El estomago era un puño cerrado, las piernas le temblaban, los brazos colgaban inertes y el cuello apenas podía sostener su cabeza. Estaba quieta, paralizada de pie; sus ojos no miraban, sólo sentía esa sensación que la roía.
Poco a poco se dejó caer en el suelo hasta quedar de rodillas; apoyó sus muslos en los piés, y bajó su cabeza hasta las rodillas; los brazos caían hacia atrás sin fuerzas y dejó que el peso de su cuerpo la fuese encartando.
Se setia mejor, no dejaba de sentir la angustia , pero al menos no la molestarían donde se encontraba. El vientre de su madre la protegería.
Poco a poco se dejó caer en el suelo hasta quedar de rodillas; apoyó sus muslos en los piés, y bajó su cabeza hasta las rodillas; los brazos caían hacia atrás sin fuerzas y dejó que el peso de su cuerpo la fuese encartando.
Se setia mejor, no dejaba de sentir la angustia , pero al menos no la molestarían donde se encontraba. El vientre de su madre la protegería.
EL TESORO
Mi niña; vamos a hacer algo especial hoy.
La pequeña la miraba con grandes ojos llenos de curiosidad, mientras su madre iba recogiendo todo tipo de objetos, piedras, conchas, tapas abandonadas, palitos de helados y la invitaba a que lo hiciese con ella, llenando así el pequeño cubo.
Se fueron a la orilla de la mar, y le dijo que hiciese un agujero con su pala. Ésta fue sacando arena hasta lograr un hoyo donde cupiera el gran tesoro que habían recaudado por la playa y , con la delicadeza de sus pequeñas manos, fue poniendo pieza a pieza el regalo para Neptuno y las sirenas. Tapó todo con arena y colocó un palo con un pañuelo de papel en la punta para que el gran rey de las profundidades supiese donde encontrarlo. Allí se quedaron mirando las dos hasta que la marea fue subiendo y, cuando llegó a éste, cogiéndose de la mano se fueron hacia sus casas.
La pequeña la miraba con grandes ojos llenos de curiosidad, mientras su madre iba recogiendo todo tipo de objetos, piedras, conchas, tapas abandonadas, palitos de helados y la invitaba a que lo hiciese con ella, llenando así el pequeño cubo.
Se fueron a la orilla de la mar, y le dijo que hiciese un agujero con su pala. Ésta fue sacando arena hasta lograr un hoyo donde cupiera el gran tesoro que habían recaudado por la playa y , con la delicadeza de sus pequeñas manos, fue poniendo pieza a pieza el regalo para Neptuno y las sirenas. Tapó todo con arena y colocó un palo con un pañuelo de papel en la punta para que el gran rey de las profundidades supiese donde encontrarlo. Allí se quedaron mirando las dos hasta que la marea fue subiendo y, cuando llegó a éste, cogiéndose de la mano se fueron hacia sus casas.
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