Dejé que el agua de la ducha resbalara por mis ojos con la esperanza de que se las llevara por el desagüe.
Miré el cielo un día de fuerte lluvia a ver si con eso se confundían en la charca que tenía bajo mis pies.
Fui al rio y sumergí mi cara en sus agua, a ver si se las llevaba la corriente.
Caminé por el fondo del mar esperando se confundiera agua salada con agua salada.
Solo me quedabas tu, y metí mis ojos en tus aguas termales con la ilusión de que ellas los supieran curar.
Ahora sé que no hay nada que yo puedo hacer para mojar mis lágrimas secas y que ahí seguirán hasta que ellas solas me quieran dejar y mis ojos vuelvan a brillar de nuevo como antaño, antes de no sé cuando...O quizás tengo que averiguar cuando fue la primera vez que aparecieron nublando mi vista, para encontrar la formula mágica para deshacerme de ellas... O quizás son necesarias donde están para recordarme que sí, que sigo siendo asquerosamente humana... Y un día me despierte y se las halla llevado el viento borra-incomprensiones y no haga falta ya nada más que mirar el presente.
Quizás, siempre el quizás que llevo en mi corazón, como a ellas en mis ojos.
Foto: Nélida




